Mércores, 23 Oct. 2019

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Estás en Opinion El del trabajo sucio Muy muy muy muy muy muy muy en contra de la familia tradicional

Muy muy muy muy muy muy muy en contra de la familia tradicional

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Un día cualquiera, María estaba en la puerta de su casa. Vino un ángel, o una paloma, o Seur, y le comunicó que iba a tener un hijo sin ni siquiera haber follado. A partir de ahí, nos empiezan a vender la moto con la Familia Tradicional.

Lejos de alterarse por la menuda putada que Dios le había preparado, María se apresuró a contárselo a José, el carpintero, que estaba ya desquiciado porque no vendía un puto mueble desde que IKEA se había instalado en la zona. A José no pareció hacerle mucha gracia el asunto de ser padre sin haber pillado cacho, y amenazó con ir a El Diario (en ese entonces, de Patricia). Pero una mujer que se embaraza por mail, lo puede todo, así que finalmente terminó amansándolo. E imagino que a partir de ese momento, al menos habrá comenzado un ciclo de felaciones en esa casa.

Como todos sabemos, el crío nació y se hizo grande y rebelde. O sea, se pasó por el culo los tradicionalismos que hoy reivindican Rouco Varela y sus secuaces de blanco. Jesús de Nazareth fue un gran revolucionario. Si hubiera vivido en estas épocas bajo el dictamen de Rouco, el Salvador sería -como mucho- voluntario de fin de semana en los comedores de Cáritas. Por lo demás, no hay en la historia de Cristo una fuerte vinculación familiar: si algún director de cine purista y aburrido (por ejemplo, Amenábar) tomara a Jesús como protagonista de una película, María estaría nominada a Best Supporting Actress en los Oscars y José sería tan sólo un nombre que aparecería en los títulos, justo después de la encargada del catering.

Pero nos siguen vendiendo la moto.

No hace mucho vi por la tele que la curia española organizó una misa multitudinaria, desde luego en Madrid, bajo el (preocupante) lema de: "la familia cristiana, esperanza para Europa". De un lado, salían unos señores de sotanas muy bien lavadas; del otro, unos señores que los apoyaban, éstos últimos luciendo prendas de Lacoste y/o Polo, mientras que las señoras eligieron (además de tener al menos 4 hijos) lucir colecciones de Carolina Herrera, PdH y Thomas Burberry.

Como a veces peco de ser un poco intolerante, luego de escuchar el asunto de la "defensa de la familia tradicional", recurrí al diccionario de la R.A.E. para saber qué es lo que estos señores defienden con tanto ahínco. Y conocer el argumento mediante el cuál yo iba a estar -desde luego- en la vereda contraria. Aquí os transcribo lo que hallé:

familia. (Del lat. familĭa).

1. f. Grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas.

2. f. Conjunto de ascendientes, descendientes, colaterales y afines de un linaje.

3. f. Hijos o descendencia.

4. f. Conjunto de personas que tienen alguna condición, opinión o tendencia común. Toda la familia socialista aplaudió el discurso.

5. f. Conjunto de objetos que presentan características comunes.

6. f. Número de criados de alguien, aunque no vivan dentro de su casa.

7. f. Cuerpo de una orden o religión, o parte considerable de ella.

8. f. coloq. Grupo numeroso de personas.

9. f. Biol. Taxón constituido por varios géneros naturales que poseen gran número de caracteres comunes. Familia de las Rosáceas.

f. Chile. Enjambre de abejas

Grande fue mi sorpresa al descubrir que me encuentro perfectamente de acuerdo con la definición del término, en sus 10 acepciones. Luego pensé que solamente un loco o un gran técnico (por ejemplo un semiólogo, o un antropólogo cultural, o un lingüista) podía poner alguna pega a la defensa acérrima de un concepto tan abarcador.

En ese momento tuve mi satori: no es "A favor de la familia tradicional", es "En contra de quienes no son como nosotros". "Nosotros" es, quizás, el pronombre personal más ensangrentado de la historia. Basta revisar los archivos para notar que muchísimos poderosos han acometido verdaderos exterminios en defensa de su grupo, separándolo del "Ellos", lo feo, lo hediondo, lo que sobra, la escoria, lo que espanta, la mierda…

El cardenal Rouco y sus amigos -los del escenario y los que miraban desde abajo, por aquello de la "igualdad" que predican (¿?)- aullaron con la misma vehemencia y convicción con la que el pueblo incitó a Pilatos. Fue una marcha contra todo lo que se desvíe de lo que caprichosamente definen como ética. De modo tal que convierten un cúmulo de valores ciertamente universales y misericordiosos, en un dogma burocratizado, en un club privado; o sea, en un aparato de presión.

Esta gente quiere asignarnos puntajes. Decirnos qué nos merecemos y qué no. A pesar de que llevan dos mil años viviendo del cuento (me refiero a la epopeya de Jesús, no crean que hay mala intención en mis decires) son incapaces de hacer revisionismo histórico, y darse cuenta de que han usurpado el nombre de Dios para cometer, auspiciar, financiar, elogiar, y reivindicar las más espantosas matanzas de las que pueda tenerse registro.

Esos, los que se golpean el pecho. Los que señalan con el dedo a la mujer que aborta (como si lo hiciera por diversión) mientras dan misas ante dictadores genocidas; los que rechazan por contra-natura el amor entre personas del mismo sexo, pero abusan de niños y los chantajean; y (lo de siempre), los que predican la pobreza en sus homilías mientras viven como reyes. Si el hijo de María apareciera mañana, echaría a demasiada gente...esta vez, del interior del templo.

El día de la misa madrileña presenciamos -y no es que esté paranoico- el primer acto de campaña de la ultra derecha española. De aquí en adelante, como evidentemente no pueden defender a voces los valores del neo liberalismo, ni los bancos, ni las corporaciones, ni las privatizaciones, puesto que nos han sumergido en la crisis y son generadores de tantas incertidumbres, orquestarán su mensaje en estos términos: la bondad de las tradiciones.

"Casatarradellizando" la concepción social de lo tradicional, y extrapolándolo desde lo moral hacia la aplicación política, no existiría otra opción más deslumbrante que los salvadores del opus. Llámenme loco, pero cada vez que tengo posibilidad de comprobar que en pleno siglo XXI, hay personas que asisten a actos cuasi-fascistas con sus hijos, me da mucho miedo. Ese caldo de cultivo es peligroso, puede perpetuarse. Además, esta gente no reconocería un libro ni viéndolo, así que adoptan la ideología de sus padres sin cuestionarla (horror de Popper) (horror de la sociedad) y luego estudian en buenos colegios, en buenas universidades, para sentarse finalmente en alguna bancada perteneciente al partido del ave.

Pregunta off topic: Dios, Creador del cielo y de la tierra, misericordioso y amoroso, que desde su trono celestial nos contempla y nos regala el aire que respiramos (algunos), la salud de la que gozamos (unos pocos) y el agua que bebemos (cada vez menos), ¿nos dejará de querer si no vamos a la marcha sectaria de Rouco? ¿Qué pensará Dios de Rouco? ¿Y del jefe de Rouco?

No era necesario construir semejante armatoste para lanzar la campaña, señores del Partido Perdedor. Y esto no ha de ser una guerra de filosofías de vida, sino una cuestión de acompasamiento de la realidad social. Su discurso desfasado, anacrónico, tercamente incendiario, cada vez repugna más a las personas inteligentes. Su llamamiento al respeto es mentiroso, porque diariamente os encargáis de segregar, discriminar y menospreciar a las personas, incluso a las que son víctimas de exclusión. Si es verdad que Dios los ha elegido para repartir su amor entre los hombres, espero que DHL se presente a concurso la próxima licitación, pues lo hacéis destilando odio; solapado, porque además, sois unos cobardes.

Aclarar qué entienden por "familia tradicional" les costaría muchas críticas, y tal vez algunos clientes. Cada vez que el vomitivo Rouco sale de su guarida para hacer declaraciones, genera discordia. ¿No debería ser la voz del máximo representante eclesiástico del país, un remanso de reflexión y concordia? ¿No debería estar Rouco en Sálvame, antes que en la Conferencia Episcopal? ¿Cómo es que la iglesia comete el sacrilegio de ser aparato de propaganda? ¿Qué hay detrás de semejante favor? No serán monedas de oro, ¿no?

A estas alturas, la conjunción de las ortodoxias liberales y religiosas, no debería sorprendernos. Lo que apabulla e indigna es el descaro, el insulto a la inteligencia de los ciudadanos.

Sus planes se adivinan, se huelen, se conocen en la tierra y en el cielo. Por eso hoy, Dios eligió no ser omnipresente. Dijo preferir el infierno, a estar en boca de esos impíos…